[an error occurred while processing this directive] El Advenimiento de Cristo

 
  La Fe Bahá'í y las profecías

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El Fundamento inmutable 
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El Retorno de los Profetas

El Libro de Daniel

11vo Capítulo del Apocalipsis de San Juan

12vo capítulo del Apocalipsis de San Juan

El Verdadero Significado de las Profecías Relacionadas al Retorno de Cristo

La Trinidad

El retorno de Cristo del cielo

La tabla de Bahá'u'lláh a los Cristianos 

Bahá'u'lláh sobre el Sello de los Profetas
 
 

























 

 

EL VERDADERO SIGNIFICADO DE LAS PROFECÍAS CONCERNIENTES AL ADVENIMIENTO DE CRISTO


En la Biblia existen profecías sobre la venida de Cristo. Los judíos todavía esperan la venida del Mesías, y suplican a Dios día y noche que apresure Su advenimiento.

Cuando Cristo vino, ellos lo denunciaron y lo mataron, diciendo: "Éste no es Aquel que esperábamos. Cuando venga el Mesías, ciertas señales y maravillas atestiguarán que Él es verdaderamente el Cristo. Conocemos las señales y las con-diciones, y no han aparecido aún. El Mesías saldrá de una ciudad desconocida. Se sentará sobre el trono de David y, ¡prestad atención!, ¡vendrá con una espada de acero, y reina-rá con un cetro de hierro! ¡Él cumplirá la Ley de los Profetas, conquistará Oriente y Occidente, y glorificará a Su pueblo es-cogido, los judíos. Traerá un reino de paz, durante el cual hasta los animales cesarán su enemistad con el ser humano. Pues ¡he aquí!, el lobo y el cordero beberán de la misma fuente, y el león y el ciervo descansarán en el mismo prado, la serpiente y el ratón compartirán la misma guarida, y todas las criaturas de Dios descansarán."

De acuerdo con los judíos, Jesús, el Cristo, no cumplió ninguna de estas condiciones, ya que ellos tenían sus ojos  ce-rrados y no podían ver.

Él provenía de Nazaret, un lugar que no era descono-ci-do. No llevaba espada en su mano, ni siquiera un bastón. No ocupó el trono de David, pues era un hombre pobre. Re-formó la Ley de Moisés, y quebrantó el sábado como día de descanso. No conquistó Oriente ni Occidente, y estaba suje-to a la ley romana. No exaltó a los judíos, sino que predicó la igualdad y la hermandad, e increpó a los escribas y fari-seos. No trajo consigo un reinado de paz, pues duran-te su vida la injusticia y la crueldad alcanzaron un grado tal que Él mismo sucumbió víctima de ellas, y murió vergon-zosa-mente en la cruz.

Así hablaban y pensaban los judíos porque no com-prendieron las Escrituras ni las gloriosas verdades que ellas contenían. Conocían la letra de memoria, pero del Espíritu de vida allí encerrado, no comprendían ni una palabra.

Escuchad, yo os mostraré su significado. A pesar de que Cristo vino de Nazaret, que era un lugar conocido, también vino del Cielo. Su cuerpo nació de María, pero su Espíritu vino del Cielo. La espada que portaba era la espada de Su lengua, con la que separó el bien del mal, lo verdadero de lo falso, los fieles de los infieles, y la luz de la oscuridad. ¡Su Palabra era, sin duda, una afilada espada! El Trono que ocupó es el Trono Eterno, desde el cual Cristo reinará eter-namente; un trono celestial, no terrenal, pues las cosas de la tierra pasan, mientras que las del cielo son eternas. Él in-ter-pretó y completó la Ley de Moisés y cumplió la Ley de los Profetas. Su palabra conquistó Oriente y Occidente. Su Reino es eterno. Él exaltó a aquellos judíos que Le recono-cieron. Éstos fueron hombres y mujeres de humilde cuna, pero su asociación con Él les hizo grandes y ganaron digni-dad imperecedera. Los animales que habrían de vivir los unos con los otros representaban las diferentes sectas y ra-zas que, después de haber estado en guerra, deberían vivir en adelante unidas por el amor y la caridad, bebiendo jun-tas el Agua de Vida de Cristo, la Fuente Eterna.

De este modo, todas las profecías espirituales concer-nientes al advenimiento de Cristo fueron cumplidas, pero los judíos cerraron sus ojos para no ver, y sus oídos para no oír, y la Divina Realidad de Cristo pasó junto a ellos, sin ser oído, ni amado, ni reconocido.

Es muy fácil leer las Sagradas Escrituras, pero sólo con un corazón limpio y con una mente pura puede uno com-prender su verdadero significado. Pidamos ayuda a Dios para que nos permita entender los Libros Sagrados. Oremos para tener ojos que vean, oídos que oigan, y corazones que anhelen la paz.

La eterna Misericordia de Dios es inmensurable. Él siempre ha escogido a ciertas almas, sobre las que ha de-rramado la Divina Munificencia de Su Corazón, cuyas men-tes Él ha iluminado con la luz celestial, a quienes ha revela-do los sagrados misterios, y ante cuyos ojos ha man-tenido limpio el Espejo de la Verdad. Éstos son los discípu-los de Dios, y Su bondad no tiene límites. Vosotros, siervos del Al-tísimo, podéis ser también Sus discípulos. Los tesoros de Dios son inagotables.

El Espíritu que emana de las Sagradas Escrituras es el alimento para todos los hambrientos. Dios, que ha conferi-do Su revelación a Sus Profetas, seguramente proveerá de Su abundancia el pan de cada día a todos aquellos que lo pidan con fe.

-`Abdu'l-Bahá: Sabiduría de 'Abu'l-Bahá, pág. 54-57